La “egopolítica” de Trump: ¿por qué Estados Unidos prioriza a Venezuela en la región?
El internacionalista Dalai Urbina explica cómo el pragmatismo económico, los recursos estratégicos y la búsqueda de resultados directos llevaron a Washington a situar a Venezuela en el centro de su agenda geopolítica hemisférica, desplazando a Cuba a un plano secundario
La política exterior de la administración del presidente Donald Trump hacia América Latina ha marcado una drástica ruptura con los métodos diplomáticos tradicionales. Lejos de actuar a través de las vías institucionales clásicas, la estrategia estadounidense ha puesto a Venezuela en el centro del tablero geopolítico hemisférico, desplazando a Cuba a un segundo plano. El internacionalista Dalai Urbina explica que la razón de este giro estratégico no responde a principios meramente ideológicos, sino a un cálculo pragmático donde los recursos estratégicos, los beneficios económicos directos y la visibilidad política global determinan las prioridades de la Casa Blanca.
Urbina, subdirector de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), señala que el abordaje estadounidense responde a intereses concretos. Mientras que la relación con Cuba se mantiene en una confrontación histórica e ideológica, Venezuela posee un peso importante por sus riquezas y su capacidad de generar un impacto mediático y geopolítico inmediato en la agenda internacional.
Egopolítica y la “teoría del loco”
El estilo de gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido calificado por Urbina como un ejercicio de “egopolítica contemporánea”, una forma de hacer política donde las decisiones personales y la búsqueda de resultados directos se imponen sobre los filtros burocráticos y la institucionalidad tradicional. Según el internacionalista, este enfoque busca canales de comunicación directa con otros liderazgos, independientemente de su orientación ideológica:
“El corolario Trump y la doctrina Monroe entienden a Latinoamérica como una región geoestratégica donde el objetivo es garantizar el capital privado, generar beneficios económicos concretos para la población estadounidense y marcar un contrapeso frente a otros polos de poder mundial”
Dentro de este esquema, el método de negociación preponderante ha sido la estrategia conocida en ciencia política como la “teoría del loco” o el “juego de la gallina”. Urbina explica que esta táctica consiste en “presionar hasta el máximo punto y en función de lo que está buscando en cada escenario tomar decisión”. En el escenario latinoamericano, comenta que tanto Cuba como Venezuela han sido sometidas a este cerco, pero con intensidades y propósitos radicalmente distintos.
La “egopolítica” de Trump: por qué Estados Unidos prioriza a Venezuela en la región
El internacionalista Dalai Urbina analiza cómo el pragmatismo económico y los recursos estratégicos desplazaron el histórico conflicto ideológico con Cuba.
“La estrategia estadounidense ha marcado una drástica ruptura con los métodos tradicionales, colocando a Venezuela en el centro del tablero geopolítico”.
Pilares del método de Washington
Egopolítica
Decisiones personales y búsqueda de resultados directos que se imponen sobre la burocracia institucional tradicional.
Teoría del loco
También llamada “juego de la gallina”: presionar hasta el punto máximo posible para forzar una negociación definitiva.
El giro estratégico: Venezuela vs. Cuba
Prioridad geopolítica
- Recursos: posee activos económicos de valor crítico y commodities estratégicos.
- Impacto: permite obtener victorias diplomáticas y mediáticas palpables ante la comunidad internacional.
- Agenda: se ubica en el centro del interés por su capacidad de generar resultados inmediatos.
Factores de presión y seguridad
Uso instrumental de la migración+La migración pasó de ser una crisis humanitaria a una herramienta de presión política y moneda de cambio para negociaciones internas en EE UU.
Sirve para justificar medidas de fuerza ante el electorado y los grupos de interés vinculados a la seguridad fronteriza.
Washington elevó la crisis venezolana a prioridad de seguridad nacional debido a la presencia de Pekín y Moscú.
El objetivo actual es mermar su influencia en la región mediante negociaciones de alto nivel entre potencias, redistribuyendo el peso de estas alianzas.
No es una creación externa; responde al desencanto social por el exceso de burocracia, crisis económicas y corrupción sistemática de gobiernos previos.
Trump ha capitalizado esta desconfianza hacia la política tradicional y el caos institucional.
La tarea pendiente de Latinoamérica
La falta de una integración sólida y pragmática sigue siendo la falla principal. Urbina sentencia que la región no ha sabido responder a los liderazgos patrimoniales que manejan territorios como bienes personales.
¿Por qué Venezuela y no Cuba?
El motivo central por el cual la administración estadounidense prioriza a Caracas frente a La Habana radica en la naturaleza de los intereses en disputa: mientras que Cuba encarna un diferendo ideológico tradicional, Venezuela concentra recursos energéticos y minerales de valor estratégico global.
“La posición y la posesión de Venezuela de diferentes recursos estratégicos para el mundo contemporáneo, que van más allá de los commodities tradicionales, la posicionan de manera diferenciada”, afirma Urbina. A juicio del académico, en el caso venezolano priman intereses de naturaleza económica y de alto simbolismo político, lo que permite obtener victorias diplomáticas mucho más palpables ante la comunidad internacional.
En este sentido, Urbina argumenta que la presión aplicada a Cuba termina siendo, en gran medida, un efecto colateral de la asfixia ejercida sobre Venezuela. Según afirma, el verdadero propósito estratégico no es solo debilitar las alianzas entre gobiernos afines dentro de la región, sino expulsar o mermar el posicionamiento de potencias no occidentales, principalmente China y Rusia, de la zona de influencia histórica de Estados Unidos.
Personas protestan frente a un hotel donde se hospedan agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), en Whittier, California (EEUU). Foto: EFE/ Ana Milena Varón
La migración como moneda de cambio
Otro elemento fundamental en la estrategia estadounidense ha sido el uso instrumental del fenómeno migratorio. El desplazamiento masivo de personas en el continente ha pasado de ser una crisis humanitaria a convertirse en una herramienta de presión política y de negociación interna y externa.
Urbina destaca que la migración ha servido para posicionar temas clave en la agenda comunicacional norteamericana, justificando medidas de fuerza tanto ante el electorado estadounidense como frente a los grupos de interés vinculados con la seguridad fronteriza:
“A partir de un hecho fáctico que es el movimiento de personas, no solo venezolanas, se posiciona el tema en agenda comunicacional y eso hace que a los ojos del electorado norteamericano y a los ojos del lobby de seguridad tecnológica fronteriza y otros sectores asociados, se justifiquen acciones no solo sobre Venezuela, sino sobre otros sectores. Dicho de otro modo, más allá de la retórica sobre el tema migratorio, realmente ha sido una fórmula de negociación al tiempo que se enmarca en una ola global de conservadurismo respecto a la migración como fenómeno internacional”.
Por otra parte, el internacionalista subraya que la presencia de Pekín y Moscú en territorio venezolano impulsó a Washington a elevar la prioridad de la crisis venezolana en su agenda de seguridad nacional. Al no haberse garantizado retornos económicos o concesiones directas al capital estadounidense, Estados Unidos actuó en consecuencia. No obstante, las dinámicas globales han llevado a que esta confrontación se resuelva en mesas de negociación de alto nivel entre las propias potencias, redistribuyendo el peso de estas alianzas según los intereses de la Casa Blanca.
“La influencia de China y Rusia ya se ha redireccionado y redistribuido directamente en negociaciones entre Donald Trump, Xi Jinping, Vladímir Putin, lo que demuestra que el problema no es que haya la alianza, sino cómo garantizar que esa alianza no incida de manera compleja en los principales intereses norteamericanos”, insiste.
El auge de la derecha en Latinoamérica
Ante el auge actual de la derecha conservadora en Latinoamérica, a menudo asociado a la influencia de Trump, Dalai Urbina aclara que responde en realidad a un desencanto previo de las poblaciones locales. El exceso de burocracia, las crisis económicas persistentes y la corrupción sistemática generaron una profunda desconfianza de los ciudadanos hacia la política tradicional y el caos institucional. Trump no creó este fenómeno, sino que supo capitalizarlo a su favor.
Frente a las presiones de las grandes potencias hacia Latinoamérica, el especialista señala que la gran tarea pendiente de la región sigue siendo la falta de una integración sólida y pragmática. Durante más de dos siglos, América Latina ha coexistido con una potencia de gran escala sin lograr articular respuestas conjuntas que equilibren las relaciones de poder.
“La integración latinoamericana no ha sabido responder a los liderazgos patrimoniales, es decir, a aquellos líderes que manejan los territorios como patrimonios personales”.
De acuerdo con el internacionalista, el reto del continente radicará en superar las diferencias ideológicas internas y aprovechar las conexiones geográficas y políticas naturales para construir una postura unificada ante las presiones de la geopolítica mundial. “Solo hace falta tenerlo como prioridad”, concluye Urbina.
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